…el tiempo que se fue…

Se puede correr mucho, se puede ir muy deprisa por la vida, se puede pasar por encima de todo sin reparar ni un sólo segundo lo que algunos instantes te invitan a disfrutar… y es así como vamos, a toda ostia, lanzados a la vorágine del día a día… no miramos atrás, no nos paramos a respirar, ni tan siquiera a descansar, pero menos todavía a disfrutar de muchas cosas…

Y así van pasando las semanas, los meses y van acabándose los años. Y la rueda vuelve a su origen. Reposar los excesos navideños, nuevos propósitos que no cumpliremos, alforjas llenas de todo pero que para nada nos van a servir porque no vamos ni a mirarlas… y otra vez corriendo hasta semana santa, para descubrir que las cortas vacaciones se pueden perder como una moneda lo hace al rodar dentro de una alcantarilla… enfilar los meses de la primavera buscando el calor de unos rayos de sol para acabar agonizando en el verano, deseosos de perdernos entre masas de gente que quiere lo mismo pero no lo busca, ahí siguen abarrotando el espacio y matando el tiempo en todo menos en lo que uno realmente quiere…

Ese es el modo de vida que vamos teniendo, que adquirimos en algún momento en el trayecto y no nos hemos bajado de esa actitud…

Cuando se llega a los últimos días de un año es una costumbre en el ser humano hacer una especie de repaso al año que está a punto de perecer. Entre el balance de los hechos descubrimos que ha habido cosas buenas y otras que las hemos ido dejando apartadas en espera de que algún día llegue la ocasión de ponerlas en su sitio… en cualquier caso hay un momento en el que nos paramos de verdad a mirar hacia atrás con el afán de mejorar lo que vendrá después. Ese es el momento clave que busco, el instante anterior en el que tomamos la decisión de invertir un poco de esa carrera infinita en ver qué hemos hecho, y qué se puede hacer… sólo una vez al año, en 365 días se nos ocurre hacer eso una sola vez por año, justo cuando ya no hay tiempo, cuando lo hemos agotado y cuando no hay manera de recuperar nada…

La conclusión final es que hay que ir más tranquilos, hacer las cosas con el tiempo adecuado a cada acción, no invertir más de lo necesario ni menos de imprescindible… parémonos a pensar más veces durante el año, nos tenemos que exigir más autoestima y menos rapidez, saboreemos mejor el tiempo y lo que en él va acoplándose…

No esperemos al mes de diciembre, a sus últimos días, para hacer una lista de mentiras que envuelvan un año más para acabarlo en la basura…

En general nos pasa mucho, no digo que sea así siempre, pero sí que es la mayoría de las veces… quizá esa tiene que ser la reflexión para acabar el año, hagamos lo que la vida nos va pidiendo en el día a día pero hagámoslo con calma, con poca prisa, disfrutemos y sintamos que todo esto tiene un fin mucho más positivo, el de mostrar una gran sonrisa sin tener que pintarla cuando no hay donde encontrarla… esa clase de mentiras se instauran en tu vida y ya nunca vuelves a ser el mismo… las sonrisas deben de aparecer por sorpresa, nunca hay que sacarlas, porque la mirada siempre dice la verdad y cuando unos ojos hablan todo lo demás queda relegado a un segundo plano…

Hoy, aquí en planeta ruido, hemos venido con el fin de terminar un año duro para el rock, para nuestra emisora y para el programa éste que venimos haciendo cada semana desde hace ya ocho años… Lo hemos hecho con el esfuerzo que un 25 de diciembre conlleva, en directo, sin resúmenes ni historias, con la alegría de siempre pero con esa reflexión, calma, sosiego, relajo, alegría, disfrute, pasión y rock and roll…

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