EL VIAJE DE LAS CANCIONES

Cuando pongo por primera vez un disco busco que me enganche, quiero que me agarre y no me deje marchar, que no me entren ganas de quitarlo, que nadie moleste mientras lo escucho… encuentro muchas cosas que realmente me gustan, me sorprendo con sonidos y con historias, con melodías y con pasajes adornados por guitarras… me flipa el triple bombo, me encandilan esas notas densas que salen de un bajo que se mantiene en primera línea… adoro las voces aguardentosas, roncas, con carisma y quebradas que mantienen el nivel de principio a fin y que manejan diferentes registros, que se quedan en un primer plano arropadas por el resto de instrumentación… la contrapartida de todo esto puede ser que nada de eso, o poca cosa, se encuentre presente en la escucha… si el disco no posee potencia, rabia y energía la cosa empieza a no entrar bien… pero el abanico es amplio, no estoy siendo radical con el sonido, con las canciones o con el modo de interpretarlas, los detalles son importantes y tienen que estar, al menos en su justa medida, cuantos más mejor, pero igual con uno de ellos también puede ser suficiente… hay voces cuyo color es perfecto para algunos tipos de canciones y de músicas, y no es necesario que sea una voz rota como las descritas, por eso mismo el quicio de la puerta es muy amplio y las posibilidades se multiplican… sí necesito rabia y energía (a veces contenida)… creo que es imprescindible, al menos para mí, para que una canción suscite interés desde la primera escucha…

Hay, además, algo que ocurre en ocasiones, y es que hay letras que al leerlas tienen poco sentido o ninguno, sin embargo al entrar en juego la interpretación del vocalista y una instrumentación adecuada aquello cobra vida enseguida. Éste tipo de canciones tienen un enganche muy curioso porque con el tiempo se van descubriendo matices nuevos e, incluso, empieza a aparecer el sentido de la canción.

Una historia de tres minutos y medio no tiene por qué ser introducción, exposición, trama, desenlace… o sí, pero si no posee esos puntos clave diferenciados con total claridad, casi mejor. Porque entonces el tema lo hacemos nuestro, nos lo apropiamos, nos creemos que fue escrito para que ese sentimiento particular que tenemos aflorase y nos tocase la patata…

Lo que quiero, lo que busco, lo que deseo al escuchar una canción es, en definitiva, que me transmita todo lo necesario para sentirme vivo, que me eleve al infinito o que me arrastre al infierno, pero que sea la canción en su conjunto la que consiga que el estado de ánimo sea tan susceptible que no me dé tiempo a reaccionar ante tal avalancha de sensaciones y me haga viajar…

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