EL TRABAJO DEL ROCK

El laberinto del rock esconde muchas trampas, también algún premio que otro, pero sobre todo lo que te encuentras en ésta camino infinito plagado de esquinas y curvas imposibles es trabajo, mucho trabajo…

Trampas. Son aquellas en las que se cae por la ingenuidad de ser novato, por querer alcanzar una meta en un tiempo relativamente pequeño, por creer en alguien equivocado. Hay muchas, y además hay trampas que retroalimentándose vuelven sobre sus pasos e incluso son capaces de atrapar a la misma presa. ¿Qué hay que intentar evitar por todos los medios? Partiendo de la base que los duros de cuatro pelas nunca existieron, no hay que creer en un corto camino cuya meta es el éxito, eso no existe. Depositar la confianza en terceras personas es uno de los errores más cometidos, cada cual debe controlar su propio camino porque sólo uno sabe lo que cuesta subirse a un escenario para defender un trabajo en el que se ha depositado toda la credibilidad propia.

El brillo que producen las bambalinas son sólo reflejos de luces que consumen watios que cuestan una pasta, volvemos a los duros baratos (los que no existían, que siguen sin existir)… nunca hay que dejarse embelesar por un mundo de fantasía que se muestra sobre un escenario y apostarlo todo por ello.

Los que llegaron ahí arriba les costó mucho tiempo, mucho trabajo, muchas energías, tristezas, desesperanzas, fracasos… pero un día consiguieron subir ese último peldaño que les llevaba encima de esas tablas, un lugar donde no conviene andar descalzo puesto que las astillas también te pueden dañar… ¿y qué hay que hacer cuando ese último paso te ha dejado tocar el éxito tantas veces soñado? TRABAJAR, seguir currando, mantener cierto orden y conservar esa distancia de seguridad alejando el precipicio de lo fácil y rápido, porque eso es, precisamente, lo que no funcionará…

Si subir fue difícil, bajar será lo más fácil del mundo. Todo lo invertido en el camino de llegada a la cima hay que reinvertirlo por partida doble o triple, para conseguir mantenerse ahí. TRABAJAR, ese es el único secreto.

Y no olvidar nunca que cada noche se puede pisar un escenario distinto, cosechar aplausos nuevos y brillar con luz propia, pero al acabar el espectáculo el telón cae y con ello el escenario se vuelve frío, los aplausos dejan de oírse y el brillo propio se apaga como una vela sin oxígeno… volver a la realidad, a la convivencia con el mundo, a las facturas y al ruido de la vida…

Es parte del espectáculo y como tal, también debe provocarnos la sonrisa para continuar…

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