RUGIR, MORDER, SENTIR…

El teléfono sonó y al otro lado una voz proponía una colaboración para la grabación de un disco. No era el mejor momento… Coger el móvil cuando estás en un tanatorio para escuchar una oferta de esas características te deja un poco descolocado. Se revuelven sentimientos entre el bien y el mal, entre lo que apetecería en tiempos de vida y lo que una muerte arrastra consigo…
Un par de días más tarde la decisión ya estaba tomada y tres semanas después me encontraba en el estudio de grabación con grandes amistades forjadas bajo las tablas de docenas de escenarios. Entre los cánticos sagrados que envuelven el rock y aquellas melodías que removían mi interior nos enzarzamos en conversaciones cruzadas que hablaban todas de lo mismo, de personas que fueron, de momentos que se disiparon y de algunos litros compartidos siempre entre risas…
Y allí estábamos una cuadrilla dispuesta a hacer el mayor de los ruidos ésta vez controlados por un técnico de sonido y avalados por un tipo que sabía cantar… fueron unos coros en un par de canciones, unas cuántas repeticiones, entrada a la pecera por turnos, que si me apetece cantar contigo, que si me entra la risa…
Para postre nos pusieron algunas de las canciones que ya estaban acabadas y sonarían en el disco, una primicia que supimos apreciar con nuestro silencio durante la escucha y las correspondientes críticas posteriores entre opiniones que se inclinaban más al lado positivo… unas fotos para finalizar y todos para casa con ese gusto que dejan los buenos momentos compartidos con gente buena, gente maja, gente del rock…
A los pocos meses el disco ya estaba en la calle y en las presentaciones en acústico empezamos a preparar una gira como las de antes, mirando destinos, ciudades, gente con la que coincidir, compartir habitaciones de hotel, bocadillos, kalimotxos, cafés y hasta esos sueños que a todos se nos escapan…
Y, como todo lo bueno de ésta vida, aquello acabó. Se cerró la puerta para siempre cuando menos lo esperábamos y cuando creíamos que todavía había un gran camino por recorrer. Las circunstancias fueron aquellas y nos dedicamos a exprimir los últimos coletazos de una época que vimos su final… nos quedamos con muchas alegrías en nuestra memoria, con infinidad de kilómetros recorridos, con personas que sólo las vimos en aquellas ocasiones y que, muy probablemente, nunca más las volvamos a ver, con cientos de fotografías, con miles de carcajadas, con un millón de historias que contar y con un solo rock and roll, el de aquellos tipos que nos apasionaba y que, si al principio fue lo que nos unió, al final nos sirvió también como excusa para juntarnos donde fuera…
Hoy, con el paso del tiempo, sigo sin poder encontrar las palabras exactas para definir qué fue todo aquello… todo y nada al mismo tiempo… unión, calor, diversión, amigos, libertad, whisky, púas, encuentros, bocatas, camisetas, trenes, sueño, sed, hoteles, baquetas, carreteras infinitas y cientos de miradas apuntando al escenario de la vida, la que nos inventamos para no tener que pintar cada mañana una mueca con forma de sonrisa…

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